12/12/25

Los Druidas de Jacob y del Triskel al Shemá

 


Cuando muchas personas hablan de #judaísmo, piensan que es algo ajeno a ellos, que es como un grupo de extranjeros que nada tiene que ver con Europa o con la identidad local. Así personalmente lo entendía yo en mi ignorancia, mas lamentablemente no es cosa individual sino colectiva que afecta tanto a galegos como Europeos, siendo el caso de Sefarad el colmo de los colmos. Aquí; mi argumento,


LOS GUARDIANES DEL VERBO, DRUIDAS


Cuando se imagina uno como eran los sacerdotes celtas, los druidas le viene la imagen de panoramix druida del cómic asterix y obelix, hombres sabios, jueces y consejeros de su pueblo. Personas con alto valor al igual que los Levitas y Rabinos, estos eran custodios de la palabra sagrada, del verbo creador.

Siendo este verbo, el idioma hebreo que permite conectar con la naturaleza y el cielo, ya que ambos son reflejos de lo mismo visto desde el otro lado. 

Siendo este un lenguaje de Bendiciones, llamado Lashon Hakodesh, lo que hablaba el mismísimo Adán cuando dio nombre a todos los seres vivos. Mientras que hoy hablamos el lenguaje de Babel = un hebreo degenerado, que no solo no conecta, si no habitualmente su significado es lo contrario, con asombrosa ironía. véase, por ejemplo el: Si y No. IS = expresión de repugnancia (איכס) y ON = de activación y multiplicación, luego te preguntas porque tus hij@s hacen lo contrario de lo que quieres jeje

La clave de toda mi tesis reside, en realidad, en el nombreya que el término griego Κελτοί (Keltoi), traducido al hebreo, se escribe así:

קלטוי

Aparentemente nada extraordinario… hasta que se observa su estructura.
Si eliminamos el sufijo plural “־וי” (-oy), como se haría para referirse a un solo individuo, nos queda:

קלט – Klit

Y aquí aparece el misterio: En hebreo, קלט (klit) significa vasija, recipiente, aquello que recibe.

Es exactamente la imagen que los profetas utilizaron para describir a Israel:

“Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, casa de Israel.”
(Jeremías 18:1–6)

“Ahora, Hashem, Tú eres nuestro Padre; nosotros el barro, Tú nuestro alfarero, obra de tus manos todos nosotros.” (Isaías 64:8)

Por tanto, el nombre Keltoi, más allá de su forma griega, puede entenderse en su raíz hebrea como “las vasijas” los que fueron moldeados, receptores de la luz divina, los recipientes del pacto.

Así, los llamados Celtas serían, en su origen más profundo, los Klit las vasijas de la Presencia Divina, los que conservan el eco de la antigua alianza entre el barro (Polvo eres y en polvo te convertirás) y el Alfarero primordial (Hashem).

El símbolo del Triskel y el Nombre de Dios ייי

Cuando uno observa el triskel, puede verse que esta formado claramente por 3 letras hebreas yud yud yud, unidas a un punto inicial. Un punto en común que se mueve en la rueda de la vida, ese círculo que representa la identidad del alma que se transforma en el tiempo y pierde afinidad o gana en función de sus libres elecciones.

Objetivamente, el Nombre de dios  ייי, formado por tres Yod, encierra el misterio del número 30, igual al valor numérico de la Lamed, la letra del ascenso y del aprendizaje. También está suma comparte correspondencia con  Judas יהודה luego la piedra te indica claramente su origen hebreo, ya que la piedra afirma lo que la cábala confirma.

Los petroglifos como escritura sagrada astral

La proliferación de petroglifos en Galicia data sobre 5000 años de antigüedad, luego si estamos en el 5786,  según la cronología hebrea estaríamos hacia el año 700 desde la creación; un periodo en el que, según la tradición, Noaj y sus hijos todavía eran memoria viva, luego la ciencia del cielo no estaba fragmentada.

En ese tiempo, la astrología no era un entretenimiento de periódico, es una disciplina sacerdotal, transmitida en círculos iniciáticos que la Torá denomina Beit Shem la Casa de Shem donde se enseñaba la correspondencia entre cielo y tierra, mediante la Cábala.

El hijo de Noah, Shem es quien carga con la función de astrólogo, maestro del cálculo de los tiempos y del orden de las estrellas. Su linaje dio lugar a los primeros sacerdotes del mundo antiguo: la casta de Shalem, cuyos representantes simbólicos en la Torah son Melquistedej o Abimélej, figuras que encarnan un sacerdocio previo al levítico, celestial y universal. Algo así como "Proto-rabinos o proto-druidas".

Representación astral con los 7 planetas tradicionales, sol y centro naturalmente la tierra/hombre. 


Si se observa la estructura de muchos petroglifos gallegos se puede percatar de que tratan de enseñar algo para aquel que pueda verlo, esos círculos concéntricos, caminos radiales, figuras humanas cuyas manos se enlazan con las órbitas, espirales imitan el baile de los astros con el alma humana, en términos más hebreos la Escalera de Jacob

No era decoración, son alfabetos astrales para explicar al pueblo que habitaba esas tierras Jafet el otro hermano de Shem. Era una forma de pedagogía del cielo para una sociedad sin escritura formal, donde aún no existían los caracteres capaces de representar constelaciones y planetas con su sonido específico. Cosa que sí se logró en posteriormente Shem.

Estos pedrolos de granito funcionaban como una Torá primitiva:

  • enseñaban los ciclos del Sol y la Luna,

  • marcaban equinoccios y tránsitos,

  • explicaban la transformación del alma desde su giro celeste hasta su encarnación,

  • y mostraban cómo ese mismo alma vuelve a ascender en la descendencia.

Nada en ellas contradice la tradición hebrea.


Al contrario: expresan la misma relación cielo‑tierra, pero adaptada al entorno atlántico, donde  la humedad, el granito y al ritmo del Océano y la lluvia los marca.


  Paralelos espirituales

El druida y el levita son el mismo arquetipo de alma con mismo horizonte: uno lee el bosque, el otro el pergamino sacado de mismo árbol, (Olivo/roble) ambos descifran el soplo detrás de las hojas.

En ambos casos, sus templos eran árboles o piedras, no muros Cristianos que entierran al Creador. Ambos sabían que el fuego del altar y el fuego del rayo son uno solo.  En ambos casos se autodenominaba como vasijas —Kli / Klit— receptáculo de la Voz luz del creador.

Curiosamente ambos decidieron tallar en piedra las leyes del cielo, para que no olvidasen los hombres del pacto su pacto con el Creador, que en el caso Celta fue re-absorbido con la Torah, el manual de instrucciones para sobrevivir en un mundo asediado por los Astros. 

Los druidas llamaban a su saber anamnesis, memoria del alma; los levitas lo llamaban zikarón, recuerdo del pacto. Ambas tradiciones nacen de la certeza de que recordar es servir.

El druida no ofrecía sacrificios a los ídolos, sino a ciclos: reconocía en cada estación una letra del Nombre. El levita no encendía fuego para dioses, sino para que la llama del conocimiento no se extinguiera. Ambos comprenden que el universo es un altar y que el alma del hombre es su centro.

El roble era para el druida lo que el olivo era para Israel: árbol del pacto, guardián del aceite y del trueno.
El muérdago y el incienso cumplen la misma función: elevar la savia/sangre hacia el cielo.


El druida y el levita no fueron enemigos ni desconocidos, simplemente un familiar nuestro conservó mejor el saber, que  muchos como yo gustamos recuperar a herdanza do pacto.

La ruptura con Roma y el olvido


Roma no conquistó solo tierras; re-ordenó el cielo. El imperio sustituyó la lengua viva por el decreto Ley, la profecía astrológica por la voluntad del Cesar. Donde antes se escuchaban los árboles y los astros, ahora se medían los impuestos a recaudar.

La palabra dejó de ser invocación para volverse opresión. Nossos druidas fueron silenciados; sus bosques sagrados ardieron junto con los himnos sagrados que los unían al firmamento. En el contexto Israelita, esto se conoce como las Tribus perdidas de Israel desde la perspectiva Romana, civilizar.

Con la imposición del latín se extendió una lengua muerta, de mármol, fría y estéril. No fecundó ni a los pueblos israelitas, ni a los gentiles. Fue una lengua de dominio y élite, no de alma. Algo similar que sucede hoy con el “neogalego” promovido por la Xunta ajeno al falar galego do povo.x

La Edad Media marcó una transformación irreversible: la búsqueda de Dios fue desplazada hacia catedrales que sepultaban al Creador bajo piedra, oro y autoridad. La alegría del mundo romano es la muerte del judío. Y si algún judío quería vivir, debía negar la Torá y obedecer lo que Roma decía, que en resumen es hacer todo lo contrario de lo que dice la Torá.

Pero los enemigos de Israel cometieron un error básico: olvidaron que, si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. La Luz no necesita permiso para regresar, ni intermediarios para despertar. El Verbo sigue latiendo en las piedras, y las vasijas aún recuerdan el nombre que las llenó.



Conclusión  El retorno de la vasija


Nos encontramos en un momento clave que definirá el destino de la humanidad. La separación ya es total, irreversible:

En el mundo judío, unos pocos abrazan la Torá y retornan a Israel —espiritual o literal— mientras otros son devorados por Egipto, ese sistema de esclavitud maquillado de progreso.

En el campo gentil, algunos aceptan de buen grado las leyes de Noaj y caminan en rectitud ante Hashem. No hay conflicto con ellos, solo pruebas personales de karma y Tikún.

Pero entre ambos campos hay un tercer grupo: los tibios, los traidores, los Erev Rav.
Son hijos bastardos de Esav e Ishmael, que vendieron el pacto por un plato de lentejas,
y lo cobraron con el sudor del justo, la sangre del inocente y la lágrima del sabio.

Nos hallamos en la última etapa: cada día que pasa se cierra un poco más la puerta del retorno. Porque quien ya no porta las letras del Nombre en su rostro, no puede pronunciar el Shemá sin que el alma se quiebre por dentro. Porque la oscuridad del océano de sangre lo ha devorado.

Pero aún hay vasijas que recuerdan, la luz que lleva su rostro que es la misma que habita en su corazón, ya que como es arriba es abajo, solo nos queda recordar la canción...

Shema Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad.

שְׁמַע יִשְׂרָאֵל
יְיָ אֱלֹהֵינוּ
יְיָ אֶחָד


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