Con la entrega de la Torá a Moshe, el pueblo de Israel despertó. No para volverse puro, sino para comenzar a honrar a Hashem conforme a su ser real. La ignorancia de los hijos elegidos es magna, y la Mishná no la oculta: cada patriarca, profeta o rey porta virtudes y defectos graves. No hay gloria sin sombra. En ninguno.
El poder del Nombre implica también su contra: la fuerza que obliga al alma a recorrer su ruta de Tikún. Los nombres de la Torá son más fáciles, porque ya señalan el camino; la historia fue relatada antes de que llegaran los actores secundarios. ¿Quieres conocerme? Lee al Patriarca Israel. Mi vivencia no dista tanto de la suya: luchar con hombres y con Él no es metáfora, es mi vivencia...


