Posiblemente, en los tiempos donde los hombres vestían camisas dentro del izquierdismo, se podían distinguir dos clases de hombres. No por su clase social ni raza, sino por el dios al que servían.
Naturalmente, ese conflicto que aparentemente pudiera ser ideológico era, en esencia, una lucha espiritual donde todos los bandos desconocen el Dios que si los moviliza.


