En un mundo sin propósito, donde el sinsentido vale lo mismo que el propósito, elegir algo con firmeza ya es un acto fascista.
Paradójicamente el movimiento de hace casi 100 años creado por Benito Mussolini parece más vivo que nunca en nuestro presente que en el ayer.
Es por eso que hoy las masas son azuzadas a abrazar una idea: unitaria, ordenada, con estética definida, disciplina, y un espíritu de sacrificio y devoción fanática al líder-Estado.Todo digno por supuesto, para un Julius Evola frustrado buscando la Tradición mientras el Tikún le grita en hebreo desde el monte Sión.

