16/12/25

Diario de un boer, 2030

Yo tenía 35 años cuando nos lo quitaron todo con una sonrisa. Mis dos hijos, una esposa que aún me miraba con respeto, mi granja seca a las afueras de Ciudad del Cabo que me gané arando, sudando y callando. No era rica, pero era mía. Como mi país, o eso creía....

Ellos vinieron con palabras bonitas. “Libertad”, “justicia”, “democracia”… Las mismas que hoy usan para justificar que me linchen en la puerta de mi casa si me atrevo a defenderla o siquiera objetar algo. En 1994 dijeron que todo cambiaría... Vaya si cambió.


Primero fueron a por los papeles. Luego las grandes empresas, daba igual que fueran públicas o privadas, las querían, se las dimos, luego vieron que las escuelas eran incómodas, se las dimos y se las dimos y dimos y dimos... 

Finalmente solo, les quedaba el campo, pero este reclama sudor en la frente, por eso no gustaron labrar, solo desean ordeñar a la vaca blanca y reescribir lo que eres.

Y yo, fui imbécil, lo permití. Cerré la boca. Contrate mano de obra barata. Esos jóvenes, fuertes, con hambre. Al principio callaban, trabajaban, sudaban conmigo. Luego cambiaron de mirada y empezaron a caminar distinto. Ya no venían solos, no venían por trabajo, venían con discursos y exigencias permanentes.

Yo que había dejado de contratar a los míos. Estos olvidados arruinados, sin futuro, con hambre también. Pero “eso no era negocio, no era rentable, ni viable” hasta que: Lo barato nos salió bien caro. Era suicida.

Me lo quitaron todo, poco a poco, como quien hierve a la rana. Un día la cosecha me falló. El otro día me faltaban las herramientas. Al siguiente, el banco ya no me daba credito. El último, mi hijo bajó la mirada y me preguntó si éramos los malos...

Ahí supe que ya estaba todo perdido.

No va a venir nadie. No habrá justicia. No hay orden al que volver.

El continente se rompió y no hizo ruido. El colapso no fue una explosión: fue una marea. Una que entró en casa mientras dormías confiado. Porque Mohamed Mandela no existe. Ningún mesías. Ninguna reconciliación mágica. Solo cenizas, y hombres como yo, con la frente sudada y la escopeta lista. No por rabia. Por instinto.

Porque esto no se arregla. Solo se sobrevive.
Porque a nadie le importa que estés desapareciendo.

pero ...


 

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