19/6/26

Cuando tus bastardos te pican


וַיֹּאמֶר ה' אֱלֹהִים לֹא־טוֹב הֱיוֹת הָאָדָם לְבַדּוֹ אֶֽעֱשֶׂה־לּוֹ עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ

“Y dijo el Eterno Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda que esté frente a él.”

Leyendo a Jaim Vital en el Libro de las Reencarnaciones, me he percatado de que ciertamente se ocultan muchas consecuencias de nuestras acciones en el mundo, lo que implica tanto en este presente como en el futuro. Luego, qué mejor que tratar aquello que se encuentra en nuestras manos, porque están fuertemente vinculados con la mano derecha de su padre creador.

¿Alguna vez te has preguntado, a dónde va el semen que se derrama fuera del vientre femenino?

¿Acaso se queda sencillamente en el árbol que utilizas como papel higiénico? No. Esa energía, esa luz de vida, siembra otras cosas. Cuando permanece dentro del cuerpo, este se regenera, pues el propio cuerpo absorbe el semen sobrante, luego gana la luz divina que lo fecunda asi mismo.

Sin dudarlo, algo sorprendente e inaceptable para la gran mayoría de personas actuales pero no quita,  la lógica aplicada de Arí y Jaim Vital sobre la reencarnación de las almas. Porque quien derrama el semen en vano viene a reencarnarse en algo que fluye y se pierde vease el agua, o plantas que germinan sin consciencia, dependiendo del rayo seminal-solar que las toque...

Hasta aquí está bien explicado por nuestros sabios cabalistas. Pero volvamos al punto inicial: ¿y el alma de esa gota de semen, quién la recoge? En lógica de medida por medida, es coherente pensar que esa alma busque su pareja, “carne de mi carne”. Y aquí interviene quizás el animal más molesto de todos: el mosquito. Esa alma atrapada en el agua así "recupera su vida" cuando la hembra del mosquito pone allí sus huevos, alimentándose de la sangre del padre desconsiderado de sus hijos...

Así, lo que fue desperdiciado regresa en forma de criatura mínima y molesta: un mosquito que nos persigue con sus picaduras como si reclamara una herencia que le fue negada. En esos momentos, cuando deseamos paz y gozo en la naturaleza, la misma natura que (Elohim) se levanta como acusadora, recordándonos la falta. El Edén nos es negado y en su lugar recibimos un zumbido y los “huevos del padre” que reclaman desde la charca, una parodia amarga del paraíso presente reencarnado; una y otra vez...

Reencarnar ciertamente como mosquito es un cruel destino para un alma humana que viene a descubrir el mundo desde esa perspectiva tan limitada...


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