Posiblemente, en los tiempos donde los hombres vestían camisas dentro del izquierdismo, se podían distinguir dos clases de hombres. No por su clase social ni raza, sino por el dios al que servían.
Naturalmente, ese conflicto que aparentemente pudiera ser ideológico era, en esencia, una lucha espiritual donde todos los bandos desconocen el Dios que si los moviliza.
Si bien. En el bando aliado o democrático al igual que hoy, existe una estructura de Fe, en donde domina un “dios politeísta” que se adapta a todos mientras se permita el lucro sin límites, los cuales desembocan en Imperio globalista. Ese bien rival llamado Becerro de Oro en la Torah, ese Elohim/dios que causa el juicio tanto de judíos como de ateos socialistas, ofreciendo todo tipo de argumentarios contra el abuso del rico frente al pobre.
Siendo más veces cuestión de ajuste de cuentas de tikun que por maldad gratuita, que también la hay y debe ser ajusticiada por las personas asignadas.
Naturalmente frente a este dios que compite con el otro Baal-Estado que promete prosperidad y felicidad a cambio de sacrificios fiscales para rentas perpetuas para eternos adolescentes multipropietarios boomers...
Baal y el Becerro son los dioses dominantes del mundo Occidental de hoy y de ayer.
Pero este artículo va dirigido a esos Socialistas, esos jóvenes Revolucionarios que gustan de las camisas y los gritos de dolor y euforia colectiva de hace 100 años donde se buscaba al Dios verdadero, ese dios auténtico que aplica justicia por justicia a quienes le profesan de corazon. Lamentablemente no hubo hombres a la altura del momento.
Ya que en aquellos tiempos de entreguerras donde los colores de las camisas, brazales, brazos en alto y puños cerrados eran conforme al sentir nacional de un pueblo en concreto. El cual se expresó con mayor éxito o desdicha en cada lugar, siendo el valor del régimen del momento fruto de una pura afinidad de alma actual.
Más las deudas a saldar de otras vidas se cobraron bien fuerte en esas generaciones que vivieron con fuerza el teatro de los astros sin freno, sin control y sin voz que pudiera gritar BASTA antes del juicio total.
Aquellos jóvenes al igual que yo no buscaban únicamente pan, trabajo o una bandera.
Buscaban algo mucho más antiguo.
Buscaban sentido.
Buscaban una explicación para el sufrimiento.
Buscaban justicia para las humillaciones heredadas de sus padres.
Buscaban un dios que respondiera cuando el mundo parecía haberlos abandonado.
Por ello los años veinte fueron una explosión espiritual sin precedentes, una mística de la violencia, un Fascismo Revolucionario, una Revolución Mundial...
Ideologías modernas que no nacieron únicamente de libros o discursos; sino que nacieron también del hambre, de la derrota, de la soledad y de la necesidad humana de encontrar un propósito superior.
Cuando un pueblo pierde a su Dios, no deja de creer.
Simplemente comienza a creer en otra cosa.
Y así aparecieron nuevos ídolos, nuevas promesas y nuevas esperanzas que ofrecían redención colectiva a hombres desesperados.
Desesperados por no poder resolver lo que su carta natal les pide a gritos que resuelvan ya,
para eso vinistes al mundo; amigo.
O en términos astrológicos del Autocad Torah,
Quien busca libertad puede encontrarse con un Saturno represivo.
Quien busca justicia puede encontrarse con un Marte combativo que reclama un espacio en el ring de la vida.
Y cuando millones de hombres comparten simultáneamente esos anhelos, esos miedos y esas heridas, los astros dejan de expresarse únicamente en individuos para hacerlo también en pueblos enteros. "Como es arriba es abajo"....
Mas, dejando el apunte astrológico atrás, es en la cuestión judía donde aparece la verdadera clave para entender la guerra civil europea.
Porque detrás de las banderas, los uniformes, las consignas y los discursos, terminó apareciendo la misma pregunta que había perseguido a Europa durante siglos:
¿Quién hereda el pacto?
Es entonces cuando aparecen el Holocausto, las fosas comunes, las balas en las paredes, los cadáveres en las cunetas y los desgraciados del Gulag...
Estos protagonistas de sus cartas natales son quienes definen hoy la identidad de una Europa derrotada, caída y auto extinguida por superioridad moral. Alias: puro ego espiritual; la contradicción máxima.
Siendo hoy el odio propio o al extranjero el debate actual, cuando el Tikún personal de cada quien refleja su conciencia frente a la verdadera divinidad.
Mas, ¿cuál es la divinidad que surge de un sol muerto, parido por una adúltera, hijo de padre ausente y sostenido por un papa Estado que emerge como nuevo pacto?
Siendo la muerte de Dios-Sol el fundamento de una civilización agónica que se niega a morir porque aun quiere descubrir al Dios verdadero y la herencia de su pacto.
Porque los pueblos olvidan.
Los imperios olvidan.
Los hombres olvidan.
Pero el pacto permanece.
ya que mi lealtad es mi honor ...
Por cierto también me conoces en Twitter, @IsraelBenYosef


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